ESA MIERDA DE LA RESPONSABILIDAD
- Marcos Martinez

- 13 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Lo cotidiano —escribir, hornear, repartir— se convierte en una forma retorcida de justicia personal, donde la mierda, literal y simbólica, siempre vuelve a su origen.
Escribe: Marcos Martinez Arte: Camila Vincenti (Enevra)

Cada uno debe hacerse cargo de sus mierdas, por eso cuando salgo a pasear con mis perros las levanto y llevo de vuelta en bolsitas. Es mi responsabilidad, yo decido salir y ellos no podrían juntarla. El mayor va suelto con la correa en la boca, al otro lo llevo, tironea todo el camino porque todavía no aprende a ser dueño de su libertad. La mierda del mayor es más compacta, la del menor, por el contrario, parece mouse con un aroma fuerte y persistente.
Cuando llego a casa me lavo las manos, dejo las bolsas en el patio, me sirvo café y me dispongo a escribir durante una o dos horas más. A la mañana saco los pedidos. Estoy trabajando para un amigo, profe de historia, diálogos anacrónicos que usa en sus clases. Maquiavelo y Gramsci charlan sobre el poder, en la cárcel, torturados, uno por apelar a la virtu del Príncipe, y el otro por querer socavar hegemonía al fascismo.
Me hace estudiar más a mí que a sus alumnos.
Odio de estos textos que los personajes vomiten información sobre vida y obra porque ralentiza la trama, pero sacrifico pedagogía por literatura y el resultado es bastante digno. Acepto estos trabajos para pagar las cuentas, por ese asunto de la responsabilidad. Utilizo la noche en novelas y cuentos que sí firmaré, donde los personajes pasean por la trama, como mis perros, oliendo un rastro anterior, confiados y alerta.
Luego de escribir, empieza la producción. La materia prima debe estar seca, para mezclar con ingredientes frescos. La preparación va al horno ocho minutos, los brownies deben quedar húmedos por dentro y craquelados por fuera.
Dejo que entibien, parto en porciones y los acomodo en bandejitas con moño rojo. Me visto de repartidor, con una campera vieja y con el casco todavía puesto, puerta a puerta, reparto dos o tres, en cada juzgado.
Ya me conocen, no les importa no verme la cara.
A través de subalternos, jueces y secretarios, me hacen saber cuánto los disfrutaron y saborearon, yo me alegro, porque no hay nada más lindo que ver satisfecho a un hijo de re mil puta. De los siete, dos no reciben, han llegado a quejarse, pero sé que luego agradecerán.
Hace dos semanas mantengo mi rutina diaria, es una responsabilidad, y todavía no lo notan. Lo disfruto y aplazo el momento de la revelación para más placer. Podría mandar un anónimo al diario o publicar este cuento en La Maza, aunque debería sacar lo de Maquiavelo y Gramsci, todavía no lo decido. También se me ocurrió que con la última entrega puedo mandarles una tarjeta con la foto de la materia prima que me proporcionan mis perros todas las mañanas.
Hacer cultura desde abajo también cuesta.
La Maza es una revista comunitaria que se sostiene con ganas y convicción…
Si lo que leíste te movió algo, conocé a sus autores.
![]() Escritor, ¿teatrista?, narrador, ciclista y ex guerrillero virtual. Invitame un cafecito |
![]() Artista por naturaleza, música por impulso y escritora por necesidad. Encontrando en cada forma de expresión un refugio, y la manera esencial de que sea visible lo invisible. |






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