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INFORME SOBRE LA RADIOGRAFÍA POLÍTICA DE MENDOZA

  • 12 ago
  • 10 min de lectura

Actualizado: 13 ago

Las próximas elecciones parecen lejanas para la vida cotidiana, pero en política el tiempo corre bastante más rápido. La danza de nombres ya comenzó, las internas se mueven y las alianzas empiezan a tomar forma. Este informe del equipo editorial propone seis preguntas para pensar la Mendoza que se viene.

1. ¿Hay un proyecto político para Mendoza?

Mendoza se encamina hacia 2027 sin que, por ahora, exista un proyecto político. Perdón, proyecto hay, y es el que está llevando adelante el oficialismo, que dependiendo del momento tiene más o menos apoyo de las oposiciones.

Nuestra provincia, al igual que otras, es presa de una política de intendentes. Cada jefe territorial intenta cuidar su reducto, consolidar su poder y, cuando las condiciones lo permiten, utilizar ese capital para saltar al ámbito provincial o nacional.

La política de los intendentes tiene una lógica de funcionamiento que vive el día a día, con muy poca planificación, excepto para pensar en las próximas elecciones. Pero una cosa es tener dirigentes con aspiraciones y estrategias electorales, y otra muy diferente es tener un proyecto político conjunto.

De esta manera se entiende por qué los dueños piden y por qué nuestra clase política cumple. No se trata solamente de creencias, sino de una práctica y de un funcionamiento político mucho más amplio. De ahí podemos entender el consenso político en relación con la minería.

No hay proyectos políticos provinciales, sino los caprichos que pide el poder económico. Y ni hablemos de lo nacional, donde ocurre algo parecido. A lo sumo, lo poco de nacional que tienen es el nombre de un partido. Tampoco tanto, basta ver que los nombres y las identidades que se ponen en juego apelan, cada vez más, a lo local.


2. ¿Quién va a conducir al radicalismo después de Cornejo?

La existencia de facciones no es nueva. Lo nuevo, quizás, es que el radicalismo tenga como nunca en su historia, desde la vuelta a la democracia hasta ahora, tantos candidatos y tanta seguridad de que será uno de ellos quien gobierne la provincia.

El radicalismo comandado por Alfredo Cornejo conserva el timón y parece tener mejores condiciones para administrar la transición. Cornejo quiere que su sucesor sea alguien de su propio espacio. Allí aparecen dos nombres centrales: Tadeo García Zalazar, ministro de Educación, y Natalio Mema, ministro de Gobierno, Infraestructura y Desarrollo Territorial. Su favorito es el primero. García Zalazar es un hombre de extrema confianza del gobernador y fue la persona que lo reemplazó en la intendencia de Godoy Cruz cuando Cornejo dio el salto a la gobernación.

Los intendentes de Maipú (Matías Stevanato), de Ciudad de Mendoza (Ulpiano Suarez) y de Luján de Cuyo (Esteban Allasino) se juntaron para una foto en una de las actividades de la Vendimia.
Los intendentes de Maipú (Matías Stevanato), de Ciudad de Mendoza (Ulpiano Suarez) y de Luján de Cuyo (Esteban Allasino) se juntaron para una foto en una de las actividades de la Vendimia.

Ahora bien, el laberinto de Alfredo Cornejo es bastante más complejo. Si rompe la alianza CM + LLA, se va a ver obligado a negociar con el resto del radicalismo. Y ahí aparece Ulpiano Suárez, intendente de la Ciudad de Mendoza y sobrino del exgobernador Rodolfo Suárez. En este caso, Suárez podría ofrecer una imagen más lavada del radicalismo: un radicalismo no sometido a los designios de Milei, aunque con los radicales púrpura adentro. También podría reunir alrededor de su figura a otros dirigentes y sectores, incluso provenientes del peronismo. De esta forma, podría polarizarse el escenario entre Milei y antimilei.

También puede ocurrir lo contrario: que Cornejo continúe su alianza con Milei, elija a su sucesor, dé incluso el salto a la Nación, Petri sea doblegado y Ulpiano Suárez sea forzado a romper. Y ahí puede aparecer algo bastante más interesante: radicales disidentes, peronistas, gansos y todo aquel que encuentre en el cornejismo y en Milei un enemigo común pueden terminar sentados en la misma mesa. Una gran coalición que, posiblemente, trate de apelar a una identidad mendocina, algo así como un revival contra el centralismo. 


3. ¿Qué hará Petri? 

El exministro de Defensa de Javier Milei conserva presencia en Mendoza y, según distintos sondeos, mantiene un nivel de competitividad importante. Pero Petri ocupa una posición incómoda: casi podría decirse que su futuro político depende de la relación entre Milei y Cornejo.

Uno también está tentado a preguntarse: ¿y Bullrich? Hay que recordar que fue ella quien llevó a Petri como candidato a vicepresidente en 2023 y quien posteriormente lo incorporó al gabinete nacional de Milei. Pero hoy Bullrich está mucho más alineada con el Gobierno que hace algunos meses. Incluso circula el rumor de que podría convertirse en la próxima vicepresidenta.

Algo está claro: sería una muy mala estrategia para LLA dejar afuera a Bullrich. No solo porque conserva capital político propio, sino porque también tiene dirigentes que le responden y una estructura que, llegado el momento, puede pesar en una negociación. A menos, claro, que la contengan… ¿cómo? Incorporando a los suyos en las listas. Entonces, ¿cuánto vale Petri para Bullrich? Mucho, sobre todo a la hora de negociar. Y ahí aparece nuevamente el radicalismo. Si Cornejo continúa su alianza con Milei y decide cerrar la sucesión dentro de su propio espacio, habrá radicales que queden afuera. Algunos porque el intendente de turno quiera reelegir, otros por las internas a la hora de armar las listas, otros simplemente por su perfil político. ¿Dónde van esos radicales? Petri, al igual que Ulpiano, puede convertirse en una alternativa y en una herramienta de presión. Porque si hay algo que la política mendocina sabe hacer muy bien es dejar dirigentes afuera y, unos meses después, descubrir que siempre fueron necesarios para construir una gran unidad. Pero, ¿cuánto cuesta la unidad cuando llegue la hora de pagarla?


4. ¿Un peronismo sin riesgo kuka? 

El peronismo mendocino tiene nombres. Lo que todavía no tiene es una síntesis. Entre los posibles candidatos a gobernador aparecen Emir Félix y Matías Stevanato, dos dirigentes diferentes pero pertenecientes a una misma tradición: el peronismo conservador. Más cercanos a Sergio Massa y Sergio Uñac que a cualquier aventura de rebeldía. Un peronismo sin riesgo kuka, de políticos profesionales, de saco y corbata, de gestión y buenos modales. 

Félix tiene a su favor una ventaja que no es menor: ya consiguió trascender las fronteras provinciales. Su candidatura a diputado nacional y la circulación de algunos de sus discursos en redes sociales le dieron una exposición que excede a San Rafael. Pero existe una dificultad evidente: su estado de salud. Stevanato, por su parte, parece encontrarse en un momento de expansión política (su cercanía a Ulpiano Suarez y a la nueva rectora de la UNCuyo Adriana García). Hoy aparece como una de las figuras con mayores posibilidades de conducir una renovación (no de ideas) del peronismo provincial.

La historia reciente, sin embargo, obliga a mirar el pasado. Las últimas victorias peronistas en Mendoza fueron las de Celso Jaque y Francisco “Paco” Pérez. Y ambas tuvieron algo en común: la división del radicalismo y la existencia de un Partido Demócrata con capacidad para disputar votos. El peronismo hoy sueña con la posibilidad de que el oficialismo se fracture, sea porque en esa diferencia pueda encontrar una oportunidad para ganar, sea porque decida hacer una alianza con alguno de los bandos en disputa.


5. ¿Quién representa hoy al peronismo mendocino? 

La discusión no termina en Félix y Stevanato. Hay otro sector que intenta construir una alternativa: el kicillofismo, con Flor Destéfanis como una de sus principales referentes. Es más, la intendenta de Santa Rosa ya manifestó públicamente sus aspiraciones de competir por la Gobernación.

La incorporación de la facción de Axel Kicillof ha modificado el mapa interno del peronismo provincial. El espacio que impulsa al gobernador bonaerense ya tiene sede propia en Mendoza y busca algo más que dirigentes: pretende interpelar a una militancia que no termina de sentirse representada ni por el peronismo conservador (hoy identificado con Félix, Ciurca y Stevanato) ni por lo que queda de La Cámpora (que está cada vez más en retroceso y que particularmente en Mendoza arrastra una imagen negativa).

Katopodis, Ferraresi, Flor Destéfanis, intendentes y dirigentes políticos del PJ que apoya la candidatura de Kicillof a presidente se reunieron en la inauguración de la sede en Ciudad.
Katopodis, Ferraresi, Flor Destéfanis, intendentes y dirigentes políticos del PJ que apoya la candidatura de Kicillof a presidente se reunieron en la inauguración de la sede en Ciudad.

La vinculación entre peronismo y progresismo, kirchnerismo e izquierda es complicada en Mendoza. Particularmente para los propios dirigentes políticos peronistas, que hoy parecen sentirse más cómodos con los gansos o incluso con una Victoria Villarruel como aliada. Basta mirar qué ocurrió con Anabel Fernández Sagasti, la última gran representante de Cristina Kirchner en Mendoza, en el Senado: el peronismo acordó con Patricia Bullrich y le negó el voto por zoom. La expulsión del sector kirchnerista no ocurre solo en Mendoza, es algo generalizado en todas las provincias. 

Ahora bien, la llegada de Kicillof permite hacerse otra pregunta: ¿hasta dónde llegará en su intento de construir poder propio para 2027 y cuánto de ese proceso terminará debilitando todavía más el liderazgo de Cristina? Porque todo esto puede desembocar en un escenario paradójico: que los sectores del peronismo conservador adquieran todavía más poder, se saquen de encima a La Cámpora y, al mismo tiempo, el kicillofismo termine convertido en un gigante con pies de barro. Pues hay que decir que su liderazgo no se construye sobre el 2001. 

En el mejor de los casos, y suponiendo que el párrafo anterior sea una mala interpretación de lo que puede desembocar ese proceso, Flor Destéfanis puede convertirse en la expresión más acabada del kicillofismo en Mendoza. Pero sus declaraciones también pueden ser una carta para negociar lugares, y entonces volvemos al párrafo anterior y lo que puede llegar significar la derrota de ese proyecto comandado por Kicillof. Todavía es temprano para saberlo.

Jorge Ferraresi, Flor Destéfanis, Edgardo González y Emir Andraos en la presentación de su libro en el Auditorio Ángel Bustelo que coincide con su lanzamiento como candidata a gobernadora para el 2027
Jorge Ferraresi, Flor Destéfanis, Edgardo González y Emir Andraos en la presentación de su libro en el Auditorio Ángel Bustelo que coincide con su lanzamiento como candidata a gobernadora para el 2027

Lo que sí parece claro es que el peronismo tiene un problema que va mucho más allá de encontrar un candidato: debe decidir qué peronismo quiere ser. Porque mientras intente parecerse al radicalismo (más institucional, más republicano, más prolijo) corre el riesgo de quedar atrapado en una competencia en la que el electorado termine eligiendo el original antes que la copia. Algo que ya pasó. Falta saber si esta vez aprenden de sus errores.


6. ¿Qué pasa con el felixismo en San Rafael?

Actualmente estamos viendo una crisis en la dinastía de los hermanos Félix. Veamos los números: Emir fue electo en 2011 con el 47%, en 2015 fue reelecto con el 56% y en 2019 con el 59%. A contrapelo de lo que ocurría a nivel provincial, donde el peronismo decaía, sobre todo a partir de 2015, Emir se bañaba en legitimidad y poder. Pero en 2021 aparecieron señales de lo que se avecinaba. En las PASO perdieron y hubo un cambio de estrategia. El peronismo de San Rafael le dio a Félix el protagonismo de la campaña. Ni Alberto ni Anabel: Emir necesitaba “gente de confianza” en el Concejo Deliberante de San Rafael, en la Legislatura provincial y en el Congreso Nacional. Pese a esto, Cambia Mendoza reafirmó el resultado que había obtenido en las PASO.

En 2023, el caudal de votos en relación con elecciones pasadas cayó: Omar Félix obtuvo 47.000 votos, mientras que en 2019 Emir había sido electo por tercera vez con aproximadamente 64.000 votos. Sí, Omar ganó y hasta los propios radicales admitieron que fue una “paliza”, pero son señales de una crisis más general.

Las últimas elecciones indican hasta qué punto se ha horadado el poder de los Félix: en octubre, más allá de levantar los números de 2023, perdieron en su propio reducto; y en febrero tuvieron un empate técnico gracias al proyecto de autonomía municipal, que ya nadie de los peronistas menciona. Visto el espejo de la historia, la oposición festeja y se prepara cada día más para asumir el rol de oficialismo.

En estos meses hemos podido observar la estrategia de desgaste de este radicalismo, que aparece cada vez más envalentonado. La primera sesión del Honorable Concejo Deliberante fue un ejemplo. El día que debía funcionar como presentación de las “nuevas caras” del peronismo local terminó convertido en otra cosa. El radicalismo consiguió desplazar la atención hacia otro lugar.

Algo similar ocurrió con el endeudamiento municipal. El municipio pidió un préstamo de 10 mil millones de pesos. Todos los concejales dieron el visto bueno al proyecto. Sin embargo, el radicalismo jugó al desgaste: la sesión para aprobar el endeudamiento arrancó tarde, y fue así porque no había consenso por parte del radicalismo. En otras palabras, jugó a crear un clima de malestar dentro del municipio. Un malestar que ya es previo, puesto que no es ninguna novedad decir que los empleados municipales están enojados con el peronismo.

Políticamente, la estrategia es clara: desmontar lo poco que le queda al peronismo local como patrimonio exclusivo: paz y administración. El felixismo responde reforzando justamente esa imagen, no mostrándose inoperante. Frente al conflicto, reivindica institucionalidad, respeto por las reglas, autoridad y capacidad de gestión.

El problema es que no tiene otra narrativa. La narrativa de la renovación no va a calar hasta que los dos hermanos se retiren, cosa que en los círculos íntimos de Omar dicen que “ya no tiene ganas de seguir”. Y si no hay renovación arriba, tampoco parece haberla abajo. Todos saben que las elecciones de candidatos se hacen a dedo y que muchos de ellos ni siquiera provienen de su militancia joven. En parte esto último se debe a que no la tienen. No hay una nueva generación política organizada alrededor del proyecto, ni una estructura que esté formando a quienes mañana podrían ocupar los lugares que hoy ocupan los mismos de siempre. Los pocos jóvenes que llegan a involucrarse terminan, muchas veces, abandonando el PJ. Algunos buscan otros espacios; otros directamente abandonan la política. Es un problema de reproducción política. 

Por otro lado, la narrativa de la modernización de San Rafael también está gastada. Esa historia se construyó alrededor de una serie de elementos concretos: asfalto, plazas, polideportivos, iluminación y obras públicas. Pero después de más de una década, repetir permanentemente el mismo argumento pierde capacidad de interpelación. Y el clima de época es otro.

¿Han probado con otras narrativas? Sí, pero sus resultados no han sido los esperados. Han intentado con una narrativa identitaria: San Rafael contra el Norte, San Rafael contra General Alvear, San Rafael defendiendo sus propios intereses. De allí también la centralidad que adquirieron la autonomía, y el conflicto por el gasoducto y la lucha antigranizo con Alejandro Molero.

El problema es que todas esas narrativas parecen funcionar más como respuesta a la pérdida de poder que como una nueva forma de construirlo. El felixismo todavía tiene el Estado, tiene estructura y tiene una historia electoral que no puede ser borrada. Pero, ¿cuánto poder queda cuando una estructura deja de renovarse, pierde militancia y empieza a desconectarse de la sociedad que durante años le dio legitimidad?


 
 
 

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