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CAMINAR COMO UN NEANDERTAL

  • 24 jul
  • 7 min de lectura

Este ensayo sostiene que el problema central de nuestra época no es económico ni político sino de fe: no en Dios necesariamente, sino en algo que trascienda al individuo. Y que el antídoto no es la religión sino lo que ya sabían los neandertales: caminar firme y acompañado.


Escribe: Ayrton Gerlero



Hace un tiempo me preguntaba con un amigo cuál es el centro de los problemas argentinos.  ¿Es algo cultural, algo ideológico, una problemática de corte yugo imperial? Aventuro una  respuesta: Sí. Pero además de esta respuesta me gustaría agregar una base donde todo esto  se asienta, una base que siempre ha estado ahí y como al suelo donde caminamos, la hemos  ignorado como pocas cosas se han ignorado en la historia. El problema de la humanidad, el  problema de fondo a todos los problemas, es que hemos perdido a Dios. No lo hemos  matado, no hemos ocupado su lugar, sino que lo extraviamos. Sé que les cuesta así que cabe  aclarar que por Dios no me refiero a El Dios™ sino al concepto de algo superior a uno  mismo. Entran en este costal los héroes, los mártires, las divinidades, las creencias, el  propósito, la explicación del mundo, el por qué de la vida. Realmente no logro comprender  cuál es la exaltación con creer en algo, con jugársela por algo. Si el propósito de uno es  alcanzar el Reino de los Cielos o ser el Rembrandt de las figuras Warhammer 40K, ¿por qué  renegar de aquella búsqueda? Porque nadie ha renegado de nada, porque todos en sus  corazones han guardado sueños que queman por salir, y el gran problema no ha sido solo el  extravío de Dios, sino la suplantación de su mano que guía al mundo. En vez de tener a un  tipo que te explica cómo es La Existencia, en vez de tener una pasión que toma posesión del cuerpo y pensamiento, que a uno, a una la guía solo hacia donde las estrellas han podido  atisbar una mirada fugaz, hemos puesto un fajo de guita. Inerte, silencioso, es literalmente  un fajo de guita, ahí, arriba de un coso para que todos lo glorifiquen. 

Es exactamente así de absurdo como lo digo eh. Y miren, está todo bien con la guita, te da poderes  impresionantes y encima te abre una cantidad de puertas incontables —si es que el interés de uno es solo comprar llaves, claramente… Un interés cerrajero si se quiere— pero la cagada es que antes,  en tiempos algo distantes al nuestro (¿desde Ur o Nínive les parece bien?) al menos la convivencia  en el pueblo entre guita y divinidad estaba bien separada. Lo interesante para mi está en la religión  de los pobres. En todas ellas están contenidas las visiones del mundo, los sueños, las esperanzas de  las personas que ven más allá de lo que el mundo es. Y mirá que interesante, no es hasta que  pudimos presenciar a escala global los horrores de la guerra moderna que perdimos de vista la  creencia. Nietzsche ya lo venía anticipando, pero no es hasta el final de la primera guerra mundial y  la posteridad del sistema económico capitalista que la fe en Dios queda prácticamente desvanecida.  Si no podemos confiar en Dios, al menos confiemos en la economía, ¿no? El desencanto empieza a  penetrar en las almas, comenzamos una vez más a entregarnos al olvido, acaso el más antiguo de los enemigos. Hablar con los animales ya es imposible, encontrar hadas es una tarea que ni siquiera los  niños pueden llevar a cabo, imaginar un mundo donde no hay separación entre los hombres y las  cosas es tan solo un recuerdo. 

Es la Era del Desencanto. Gran era, creo yo. No hay nada como una buena imposición, sea explícita o implícita, como para reavivar una llama dormida. Un saludo al romanticismo y todos los buenos  corazones que lo compusieron. Si bien podemos decir que la religión y la guita siempre  mantuvieron una relación ambivalente la realidad es que la creencia, la fe, siempre ha estado puesta  por sobre lo material. Somos seres de carne con la mirada puesta en lo que está más allá de la carne, transen o se vendan algunos sacerdotes, algunos papas, algún que otro artista o político la realidad  es que siempre la creencia ha estado por encima de aquellas jurisdicciones. Cargamos costumbres  evolutivas con las que cada uno ve cómo hace para llevarlas, la costumbre de la creencia  difícilmente veo que pueda ser erradicada. El reconocimiento de patrones, la habilidad técnica de  nuestra especie, la capacidad de procesos mentales distintos a los de otros animales son rasgos que  si bien nos ponen en otro orden (mejor sería decir que nosotros nos hemos puesto en este orden) nos permite acceder a un costado del mundo, creemos, invisible para el resto de especies. Y si es complicado arrancar una cuestión que viene de forma predeterminada en una persona como lo es la  creencia, la mejor forma de producir más guita para el bolsillo de uno es colocando en el ecosistema un nuevo depredador. 

Un depredador que mata y que da la vida, alabado sea el nuevo Dios de este mundo que por nombre lleva Dinero, y perseguirlo es la voluntad de sus feligreses. Tampoco me refiero a la guita en sí, sino al modelo del mundo construído, porque no solo es la guita sino la metodología por la cual se llega  a la guita. Ustedes escucharon hablar del anciano de Shanidar, el esqueleto de un neandertal encontrado en Irak. Son los restos de un hombre adulto que se sabe, estaba gravemente lesionado, se encontraron rastros de heridas en su antebrazo, pues había sido amputado o arrancado. Entre  otras lesiones, no podía caminar por su cuenta, mucho menos oír según se muestran daños internos  en su oído. El anciano de Shanidar era un hombre roto que no podía valerse por su cuenta, y que  vivió hasta los 40 años, una edad avanzada tanto para neandertales como para un humano en las  condiciones de su tiempo histórico. Sus lesiones muestran signos de curación, y un neandertal,  especie extinta hace al menos 40 mil años, no podría haberse valido solo para morir con sus lesiones curadas. El hombre estuvo bajo el cuidado de una o algunas personas que encontraron, bajo la  tempestad y el caos de una Tierra que no conocía de la luz eléctrica, los antibióticos modernos, de la afirmación segura “Hoy viviré otro día”, el tiempo suficiente para hacerse cargo de un moribundo.  Fue alimentado, su estado fue seguido con constancia por sus cuidadores, fue protegido en las horas más oscuras de la noche y acompañado en los soles más distantes.  

El individualismo exacerbado es la metodología del nuevo mundo, la competencia que suplanta a la  cooperación, un sentido que está incrustado en nuestra esencia incluso antes de ser humanos, que es  el sentido de la piedad. A la pistola todo eso, lo de hoy es ir con la cabeza centrada en uno mismo,  porque lo que más importa es uno mismo, ¿si no de qué otra forma se llegaría a tocar el rostro del nuevo Dios? Un bobino de oro era muy groncho, lo hicimos más aestethic minimalista, por eso  ahora es un fajo opaco de billetes inertes como bien dije antes. Garrón de era la que nos tocó, pero ey, al menos podemos pedir comida sin salir de casa, ¿no? Pajearnos con tipos y tipas que no  conocen ni van a conocer nuestro rostro, comunicarnos sin compartir un espacio físico. Realmente  vivimos mucho mejor que hace 100 años. 

El problema de nuestros días es fundamentalmente el problema de la creencia. Creo. Podría decir  que no hablo de la creencia fanática, ciega, pero es que realmente esos son sus componentes  esenciales, sino sería otra cosa. Nadie cree en nadie ni en nada, todo es un proceso que se supone  lógico y no pasa de una pedo mental que viene con regalo, lo cual solo lo hace dos veces estúpido.  Pregúntenle a quien tengan cerca en qué cree, nadie tiene ni puta idea, no hay un solo ordenador  social que ofrezca propósito a las personas del mundo más que el de la guita, y probablemente la  respuesta tenga algo que ver con ello. Si es que les responden.  

La imposición de ideas jamás fue el método más efectivo para creer, en cambio, el vaciamiento de  la fe probablemente lo sea. Nada como una buena crisis para encontrar a Dios. Sea cual sea la creencia a elegir, es necesario que incluya a más de una persona. El individuo es reeee interesante y  es un reeee sujeto de estudio boludoooo pero creería que ya estaría estando con ese asunto, es un  componente de algo más grande, y todo bien con los psicólogos y demás kioskitos que saquen guita de esto eh. Lo que digo es que es el momento, capaz el último, para hacer algo con nosotros  mismos. No somos niños que necesitan de la mano de la religión, somo adultos imbéciles con un  problema de adicción al celular, individualistas al punto de la psicopatía y votantes de un tipo que prometió el oro sin acordarse de la mirra. Seguimos esperando el oro, la mirra ya no significa algo para nosotros. 

La Década Tarada no emerge de la nada, nada emerge de la nada. El por qué del mundo está ahí, a  la vista de todos, el vacío de los ojos en la gente que no cree en nada. Pero ojo, no me olvido que  soy argentino. El catolicismo jamás se desvaneció de América Latina, pero eso no significa que el  mayor motor de creencia continental sea eterno. El avance del evangelismo y sus modelos de  mundo empiezan a burbujear nuevas franquicias donde dicen, por un módico precio, Dios toma turnos. Sin contar que quienes más creen en la fe católica son personas +40/50. Y mi problema no es con los creyentes del evangelismo  sino con ese modelo ordinario de ver el mundo que no dista mucho del modelo de vacío del que  vengo hablado hace rato. Mi aporte a la causa de la humanidad por no quedar lobotomizada y  andando sin rumbo es señalar esto, que no creemos en nada. A partir de ahí queda buscar senderos, supongo. Senderos para no transitar solos, sino caminarlos como el neandertal: Firme y acompañado, con la mirada puesta en algo más allá de la carne, pero recordando que el de al lado es carne de uno mismo.

Este artículo fue publicado originalmente en la revista Urbe y se reproduce en esta edición con autorización de su autor.

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