CUBA, LA ODISEA DE LA REVOLUCIĆN
- 8 ene 2025
- 8 Min. de lectura
Actualizado: 4 feb 2025
A 66 años de la revolución latinoamericana mÔs importante del siglo XX. Este ensayo analiza los factores que llevaron a la lucha armada contra la dictadura de Fulgencio Batista, e intenta explicar las causas y consecuencias del triunfo revolucionario.
Escribe: Ramiro Barroso y TobĆas CorvalĆ”n

āLa historia de las revoluciones tiene una gran parte subterrĆ”nea, no sale aĀ la luz pĆŗblica. Las revoluciones no son movimientos absolutamente puros;Ā estĆ”n realizadas por hombres y se gestan Ā en medio de luchas intestinas,Ā Ā de ambiciones, deĀ desconocimientosĀ mutuos.Ā Y todo esto cuandoĀ se vaĀ superando,Ā se convierte en unaĀ etapa de la historia,Ā que bien o mal,Ā con razón o sin ella,Ā se va silenciando y desapareceā. Ernesto "Che" Guevara
1956: el desembarco del Granma
El 2 de diciembre de 1956 desembarcan en las playas de Cuba 82 combatientes. Vienen de MĆ©xico, navegando a bordo del yate Granma. La mayorĆa estĆ” de regreso, son exiliados cubanos. Tienen un objetivo claro: reanudar la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista.
AsĆ se presenta en la isla el Movimiento 26 de Julio (en adelante M 26). Entre ellos se destacan: el lĆder del emprendimiento, Fidel Castro, y su hermano menor, RaĆŗl; Camilo Cienfuegos, y un mĆ©dico argentino, que en palabras de Ansaldi y Giordano (2019), āno solo se convertirĆa en una de las principales figuras de la Revolución Cubana, sino tambiĆ©n en un sĆmbolo mundial de los combatientes por el imperialismo y por un mundo mejor: Ernesto "Che" Guevara" (pĆ”g. 249).

Mapa de Cuba donde se aprecia la zona de desembarco del Granma
La estrategia parecĆa ser clara: la acción armada para desencadenar una huelga general. No era la primera vez que intentaban combatir contra el rĆ©gimen de Batista, el movimiento es heredero de una acción insurreccional que se produjo el 26 de julio de 1953 (de ahĆ el nombre del movimiento). Ese dĆa, 160 jóvenes pertenecientes y/o adherentes al Partido Ortodoxo asaltaron dos cuarteles (ubicados en la provincia de Oriente: el Moncada, de la ciudad de Santiago, y el Cuartel Carlos Manuel de CĆ©spedes, de la ciudad de Bayamo) con la intención de hacerse de armas y llamar a la insurrección popular mediante una huelga general. El operativo fracasó y entre muertos, heridos y detenidos las bajas superaron la mitad de los atacantes.
Fidel fue preso y por su condición de abogado se hizo cargo de su propia defensa en el juicio. Su alegato final, un manifiesto polĆtico antes que una pieza jurĆdica, serĆ” conocido con la frase con la cual fue cerrado: āLa historia me absolverĆ”ā. Su argumento de autodefensa era
"una punzante condena a todo el sistema socioeconómico cubano en bloque. Castro habla de la gran carga social del paro, de la tragedia en el campo de la vivienda, de la ausencia de una polĆtica de salud pĆŗblica, de la mĆsera condición de los campesinos y de la omnipotencia de los mĆ”s grandes terratenientesā (Martin,1982, como se citó en Guerra y Maldonado, 2009, pĆ”g. 40).
Ahora bien, el asalto al cuartel Moncada no fue el Ćŗnico, de hecho hubo otros intentos de toma de cuartel para agitar la población y pedir la insurrección y caĆda del gobierno de turno. En otras palabras, el asalto y la idea de insurrección a partir de la posesión de armas es parte de la cultura polĆtica cubana.

Fidel Castro bajo arresto
Luego de cumplir 22 meses en prisión, los rebeldes fueron amnistiados y expatriados por decisión del dictador, quien, frente a una demanda de la Iglesia Católica en favor de la paz social, quiso mostrar su benevolencia y su fortaleza. El exilio los llevó a MĆ©xico, donde se entrenaron militarmente y organizaron la expedición revolucionaria que los colocarĆa arriba del Granma.
La dirección del M 26 planeó combinar el desembarco de los exiliados con el comienzo de una insurrección y huelga general en Santiago de Cuba, hechos que debĆan producirse el 30 de noviembre de 1956. Sin embargo, llegaron el 2 de diciembre. La asincronĆa fue fatal para los insurgentes. La operación en Santiago de Cuba fue desbaratada por las fuerzas represivas de la dictadura batistiana. Como es obvio, no se tenĆa conocimiento del retraso del yate, por lo tanto, los santiagueros se lanzaron a la acción. Por aƱadidura, el ejĆ©rcito, que estaba al tanto del operativo marĆtimo, se lanzó sobre ellos. El grupo de Castro trató de internarse lo mĆ”s rĆ”pidamente posible en las montaƱas de Sierra Maestra, convertido, como dijera luego el Che, en āun ejĆ©rcito de sombrasā. El 5 de diciembre, en AlegrĆa del PĆo, la columna del M 26 fue sorprendida, diezmada y dispersada por las fuerzas de la dictadura: entre capturados, muertos y prisioneros, las pĆ©rdidas sumaron setenta. MĆ”s tarde, los doce sobrevivientes serĆ”n llamados ālos doce apóstolesā.
Lo curioso de todo esto es que, luego del fracaso y el repliegue, el M 26 empieza a concitar la atención de la opinión pĆŗblica nacional e internacional. La publicación de la entrevista de un reconocido periodista norteamericano, Herbert L. Matthews (que habĆa logrado entrevistar a Stalin, Churchill, Hitler, Mussolini y Roosevelt), realizada en las intrincadas montaƱas orientales, fue una efectiva propaganda en favor de ellos, a tal punto que Fidel fue tapa del New York Times.

Rebelde cubano es visitado en su escondite. The New York Times, 24 de febrero de 1957
Entre abril de 1957 y abril de 1958 el M 26 se mantuvo fiel a su estrategia originaria, en virtud de la cual convocó a una huelga general a realizarse el 9 de abril de 1958. No obstante, la convocatoria concluyó en un rotundo fracaso, lo cual demostró que el M 26 no era el partido ni un movimiento de obreros. Entonces, Fidel y la dirección del M 26 decidieron un cambio de estrategia. Los jóvenes combatientes, provenientes de la clase media urbana, ādescubrieronā a los campesinos y sus duras condiciones de vida, al tiempo que obtuvieron su apoyo económico, social y militar. En relación a esto Ćŗltimo, el nĆŗmero de la guerrilla fue incrementando y se logró formar un contingente militar de cerca de 300 hombres para 1959. ĀæPor quĆ© sucede esto?
En primer lugar, porque el dictador Fulgencio Batista estableció una fuerte represión polĆtica contra los rebeldes, sectores urbanos y campesinos de Sierra Maestra. Como es obvio, Batista tuvo el apoyo de los hacendados, ya que los campesinos reprimidos, sobre todo eran aquellos denominados como precaristas (quienes no tienen propiedad sobre la tierra, pero la ocupan y trabajan). Esto hizo que el nĆŗmero de insurgentes aumentara. Fueron estos campesinos los que apoyaron el EjĆ©rcito Rebelde, buscando resistir a los desalojos impulsados por los dueƱos de la tierra. Todo esto vino acompaƱado de una campaƱa que llevó a cabo el dictador: la "liquidación a los rebeldes", la cual, en poco tiempo, devino en un verdadero desastre. Unidades enteras fueron capturadas por los guerrilleros, incluyendo armas, munición y los códigos secretos. El resultado fue exactamente el inverso del buscado por sus promotores: cuanto mĆ”s aumentaba la represión, tanto mĆ”s se incrementó el prestigio de Fidel y el apoyo a su lucha.
En segundo lugar, Castro empieza hacia 1958, en la zona de Sierra Maestra, una reforma agraria per se, es decir, entrega la tierra a los precaristas. Esto que, aƱos mĆ”s tarde, harĆa la Ley de Reforma agraria de mayo de 1959 y la segunda en octubre de 1963, el EjĆ©rcito Rebelde lo hace inmediatamente.
Al margen del accionar militar, la otra pata del movimiento revolucionario fue su polĆtica de alianzas. En otros tĆ©rminos, las alianzas del M 26 fue uno de los factores del triunfo, y en esto se destaca la habilidad de Fidel Castro. Los apretones de manos fueron varios: con el Directorio Estudiantil Revolucionario y los Partidos Ortodoxo y AutĆ©ntico, con sectores del EjĆ©rcito, con los comunistas, con los sindicatos, con los campesinos. Se trata de una de āesas obras de arte que producen revoluciones y que a su vez son producidas por estasā (Mires, 1988, como se citó en Ansaldi y Giordano, 2019, pĆ”g. 254).Ā
1959: Āæverde oliva o rojo comunista?
1958 representó el paso de una guerra de guerrillas a una guerra regular entre dos ejĆ©rcitos. El fracaso de la huelga de abril, motivada por Fidel, demostró que el M 26 no era el partido ni la conducción de los trabajadores cubanos y aunque contaba con el apoyo de amplios sectores de los obreros, seguĆa siendo un movimiento ajeno a esta clase (Mires, 1988, pag. 312). Ahora el Ejercito Rebelde debĆa crear, a partir de la propia insurrección, un lugar para los trabajadores. Es decir, primero se debĆa ganar la guerra.
De esta forma, el EjĆ©rcito Rebelde lanzó su ofensiva final. Una columna, encabezada por Cienfuegos, salió de Sierra Maestra rumbo a la provincia de Pinar del RĆo, en el extremo noroccidental de la isla (colindante con la de La Habana), prĆ”cticamente, atravesando todo el paĆs. Otra, al mando del Che Guevara, se dirigió a la provincia de Las Villas, en la región central, donde realizó una fulminante campaƱa y libró la decisiva batalla de Santa Clara, a la cual atacó, exitosamente, con una columna de escasos 300 hombres y que determinó el triunfo del EjĆ©rcito Rebelde, ya que se descarriló un tren que llevaba armamento y personal hacia La Habana. Dato no menor es que en el camino esos dos frentes iban engrosando sus filas: desocupados, campesinos, estudiantes, soldados. Se calcula que se logró hacia 1959 tener tres mil hombres en las campaƱas militares.
Cuando la situación ya estaba decidida, Fidel tuvo una entrevista secreta con el general Eulogio Cantillo Porras, jefe del Estado Mayor Conjunto, con el cual se acordó que este sublevarĆa la guarnición de Santiago de Cuba el 31 de diciembre de 1958, tras lo cual entrarĆan en la ciudad las columnas rebeldes. A Ćŗltimo momento, el militar quiso dar un golpe y apoderarse del poder, pero Fidel reaccionó rĆ”pidamente llamando a la huelga general con la consigna āRevolución, sĆ; golpe de Estado, noā. El llamamiento culminó, esta vez sĆ, con Ć©xito.Ā
Fulgencio Batista, que ya habĆa perdido el apoyo económico y militar de Estados Unidos, renunció y huyó del paĆs el 31 de diciembre de 1958. Fidel entró en Santiago de Cuba el 1 de enero de 1959, un regalo de aƱo nuevo que muchos hoy quisieran tener visto en el contexto actual. El 2 comenzó la huelga general, Cienfuegos asumió el mando militar en Columbia y el Che en la fortaleza de La CabaƱa. El 3 triunfó la huelga general revolucionaria y el nuevo poder se estableció en todo el paĆs. El 8 Fidel Castro, por fin, entró en La Habana.

Fidel Castro entra a la capital cubana. La Segunda, 2 de enero de 1959
La bĆŗsqueda de la apertura democrĆ”tica llevó al M 26 a fortalecerse militar y polĆticamente. En 1958, el movimiento que encabezó Fidel, logró consolidarse como conductor de la Revolución, y los demĆ”s partidos y organizaciones, quienes coincidĆan en los fines democrĆ”tico-liberales, adhirieron. Sin embargo, la radicalización del Gobierno Revolucionario, una vez en el trono, destruirĆ” y crearĆ” nuevas alianzas polĆticas.Ā En otros tĆ©rminos, las polĆticas de nacionalización y estatización que tuvo lugar entre 1959 y 1961, que le imprimió un contenido nacionalista a la Revolución, llevó a una tensión con Estados Unidos y a la creación de un conflicto interno con las clases burguesas.
En la medida que el nuevo gobierno profundizaba la revolución nacionalista, perjudicando intereses norteamericanos, se la amenazó de comunista sin llegar a serlo. Una lógica externa, propia del contexto de Guerra FrĆa, donde primaba el maniqueĆsmo: "si no sos pronorteamericano, entonces sos rojo". Y teniendo en cuenta lo violento y peligroso que podĆa significar quedar tildado de comunista, la alianza con la Unión SoviĆ©tica y los comunistas, resultó como un mecanismo pragmĆ”tico y de supervivencia.Ā Finalmente, Fidel, en 1961, declaró el carĆ”cter socialista de la Revolución. Por esto coincidimos con Josep Morray al decir que āNo fueron los comunistas, sino la burguesĆa y los terratenientes quienes obligaron a la revolución verde oliva a manifestarse roja exigiendo que se volviera blancaāĀ (Mires, 1988, pag. 325). No es que Castro y su gente desconocieran el Manifiesto Comunista de Friedrich Engels y Karl Marx, incluso habĆa anticomunistas en el 26 de Julio, sino que fue una necesidad de la misma Revolución para poder sostenerse.

Ernesto Che Guevara y Fidel Castro (1961)
BibliografĆa
Ansaldi, W., y Giordano, V. (2019). América Latina. La construcción del orden (Capitulo 6). Ariel. Buenos Aires.
Mires, F. (1988). La Rebelión Permanente. (Capitulo 5). Siglo XXI. Buenos Aires.
Guerra, S., y Maldonado, A. (2009). Historia de la Revolución Cubana. Txalaparta.
