EL CERCO INFORMATIVO: PERIODISMO, PODER Y CRISIS DE CREDIBILIDAD
- hace 19 horas
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Este informe del equipo editorial analiza la crisis del periodismo en la Argentina a partir de la restricción al acceso a la Casa Rosada. Un recorrido por el conflicto entre poder político, medios y redes sociales para entender la pérdida de credibilidad, las lógicas de alineamiento y los límites actuales de la independencia periodística.
Equipo editorial
¡CIAO periodistas!
La noticia de que se prohibió el ingreso de periodistas a la Casa Rosada “de forma preventiva por espionaje ilegal” constituye una de las decisiones institucionales de mayor gravedad en los últimos años de la vida democrática. Ningún trabajador de prensa acreditado pudo ingresar. Y, como si fuera poco, la medida no fue comunicada oficialmente: todos se enteraron al llegar al edificio. La restricción alcanzó a todos los medios del país, sin distinción.
El deterioro de la libertad de expresión y el ataque al periodismo no es nuevo, se trata de un proceso que viene desarrollándose desde hace tiempo. En el actual gobierno libertario, la confrontación con la prensa se ha vuelto una práctica habitual, incluso contra aquellos sectores que le son afines o, al menos, indulgentes. Un ejemplo reciente fue el caso de Carlos Pagni. El mandatario aprovechó un error fáctico del conductor en su programa de La Nación Más para lanzar una serie de insultos y descalificaciones, mientras sus militantes impulsaban la teoría del “operador serial”. Apenas una semana antes, el propio presidente había apuntado contra otro periodista de La Nación: Joaquín Morales Solá.
Ni siquiera el periodismo afín a las ideas neoliberales (aunque se autodefina como neutral y objetivo) queda exento. Existe, efectivamente, un sector del periodismo alineado con el gobierno de Javier Milei. Basta recordar la entrevista con Viale: antes de la interrupción que permitió reformular una pregunta, ambos habían bromeado sobre la existencia de preguntas pactadas.
El apagón
La frase “No odiamos lo suficiente a los periodistas” permite comprender, al menos en parte, el trasfondo de la prohibición. Milei no solo confronta con el periodismo, sino con todo aquel que considera un obstáculo o un agente de distorsión. Sin embargo, su estrategia discursiva le impide distinguir entre críticos y aliados, por ello, termina englobando a todo el periodismo en una misma categoría.
La violencia discursiva del aparato libertario opera como un verdadero ariete contra la libertad de expresión. Y es importante subrayar que el ataque no se dirige únicamente a los medios y a los periodistas, sino también al ciudadano común. El ideal de la prensa es facilitar el acceso a la información. Ahora bien, si la prensa no puede acceder a documentar lo que ocurre en el principal edificio público, ese ideal se vuelve mucho más difícil de cumplir.
No resulta casual, entonces, la indignación que generaron los dichos de Manuel Adorni: “vos no sos juez, sos apenas un periodista”. El periodismo no pregunta para satisfacer una curiosidad individual, sino para informar a la ciudadanía. Cuando un funcionario se niega a responder, en realidad está negando respuestas a la sociedad en su conjunto. En definitiva, estamos ante un verdadero apagón informativo.
¿Periodismo independiente?
Como se habrá advertido, nos hemos referido en varias ocasiones a La Nación. No es casual: a pesar de que la violencia también los alcanza, ello no parece afectar su posicionamiento editorial, como lo demuestra la publicación "Preservar el programa, proteger a Milei". Posiblemente a estos medios no les agrade el rótulo de “periodismo militante”, pero, en los hechos, eso es lo que expresan.
El periodista y politólogo Ari Lijalad, quien fue denunciado penalmente por el presidente, propone pensar esta situación a partir del concepto de “relacionistas públicos”. Retomando a George Orwell, sostiene que el periodismo consiste en publicar aquello que alguien no quiere que se publique; el resto son relaciones públicas. En otras palabras, hay periodistas y hay relacionistas públicos disfrazados de periodistas.
El relacionista público es aquel al que le indican qué decir y cómo decirlo para instalar determinados sentidos en la opinión pública. Figuras como Eduardo Feinmann, Jonatan Viale o Alejandro Fantino son ejemplos perfectos. Pero hay, además, una dimensión estructural: en muchos casos, los medios forman parte de conglomerados económicos más amplios. Por ejemplo, el Grupo Vila, cuyos medios no son rentables en sí mismos, cumplen una función clave en la legitimación de negocios más lucrativos, como la energía, el petróleo o el sector inmobiliario.
No obstante, existe una cuestión aún más profunda, que el sociólogo y politólogo Ricardo Sidicaro explica con claridad en La política mirada desde arriba: las ideas del diario La Nación, 1909-1989: “En 1909, la tercera generación periodística de los Mitre decidió distanciar el matutino de las luchas partidarias y convertirlo en expresión y educador de la clase dirigente en la época, colocándolo por encima de sus fraccionamientos” (Sidicaro, 1993, pág. 7). Esto nos permite comprender que ni siquiera un medio tan renombrado y poderoso es verdaderamente neutral, más allá de su pretensión de objetividad.
Entonces, cabe preguntarnos: ¿existe el periodismo independiente? ¿Independiente de qué? Carecemos de una respuesta concluyente. Sin embargo, sí podemos afirmar que leer un diario o escuchar un programa de radio, streaming o televisión se asemeja, en cierto modo, a emitir un voto: existen múltiples opciones, pero no podemos elegirlas todas; seleccionamos en función de nuestras preferencias.
¿Qué ocurre cuando las diferencias entre esas opciones son mínimas? Eso es, en gran medida, lo que sucede en San Rafael. La independencia económica de los medios de comunicación resulta difícil de alcanzar, y muchos dependen de la pauta municipal o provincial. Basta recordar que fueron muy pocos los medios que abordaron el tema de la minería cuando Cornejo y Félix alcanzaron un acuerdo. Incluso podríamos afirmar que las voces críticas son más bien excepcionales.
De este silenciamiento se deriva el creciente protagonismo de comunicadores en redes sociales. Más que una fortaleza de estas plataformas, se trata de una debilidad del sistema mediático tradicional. Ejemplos de ello pueden encontrarse en cuentas de Facebook como Rumores San Rafaelinos o Bibiana Toledo Noticias.
Se trata de discursos que, en ocasiones, contienen elementos de verdad, en parte porque retoman ideas que circulan de manera capilar y que los medios tradicionales evitan abordar. En ese sentido, funcionan como mecanismos de autoafirmación de percepciones sociales preexistentes.
Los comunicadores de las redes sociales no son voces confiables. Sus contradicciones son frecuentes y sus posicionamientos varían de manera abrupta, de un mes a otro, incluso de una semana a otra.





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