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EL POLACO DEL SUR

  • 4 feb
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: hace 6 días

En El Polaco del sur, la conversación con Johan Daniel Calderon —"changarín" del San Rafael— se convierte en una crónica sobre la vida en los márgenes. A partir de su mirada sobre la calle, los comercios vacíos, la situación de los jubilados y el deterioro de las condiciones de vida, la entrevista traza un retrato sensible y político del presente de San Rafael.

Por Ramiro Barroso

Arte Abril Paquez



“Nosotros somos los vagabundos, los malhechores, la canalla, la escoria de la sociedad, el sublimado corrosivo de la organización actual. Aborrecemos el pasado porque es la causa del presente, odiamos el presente porque no es otra cosa que la imitación más intensa y más feroz del pasado. No tenemos estados de servicios que presentar, ni tenemos heridas que ostentar ni sufrimientos que explicar, pues no tenemos intención ni voluntad de impresionar a los ánimos débiles o cándidos. Somos hombres como los demás, sea cual fuere el país, raza o idioma que pertenezcan. Reconocemos que nuestro organismo tiene necesidades propias como tienen los otros, y que por lo tanto las queremos explicar y satisfacer, y por esta causa queremos ser libres” El Perseguido (18 de mayo de 1890). 


Muchos argentinos y argentinas conocemos a Ezequiel Iván Cwirkaluk, conocido artísticamente como El Polaco. Pero no todos conocen del todo a Johan Daniel Calderon, el Polaco del sur mendocino. Charlando con él, me reveló algunos datos de su vida: tiene 36 años, vive en Pueblo Diamante con su familia, mantiene una relación cordial con su madre, hermana y sobrino, y se dedica a ser "changarín".

Con Johan la charla va y viene. Arranca por cualquier lado y termina, casi siempre, en el laburo. Hablamos mucho de cómo está la calle. En un momento me doy cuenta que nunca le pregunté algo básico, así que se lo digo sin vueltas: ¿cuántas horas trabajás por día? Me mira y me contesta: "Entro y salgo de mi casa, soy un sonámbulo, así que no estoy nunca en mi casa. A veces hago horario corrido. A veces me toca un patio, una acequia y voy de una punta a la otra. Tengo rastrillo, escobillón, bolsa de consorcio... a las chapas voy. Limpio techo, acequia, orilla de cordón, techo, eh... y si tengo que podar todo lo hago, sacar un par de ramas, al toque."

Con Johan no todo es sonrisa. A veces saluda, a veces mira de reojo; es jodón, pesado, chistoso, amable... y otras veces no. Depende el día, el cansancio, las personas, la calle. Mientras caminamos y charla con algunos que pasan, le pregunto por la escuela. Me dice que llegó hasta octavo grado y que no tuvo la oportunidad de seguir. "Desde guacho trabajó acá en la calle", larga, como quien no explica nada porque no hace falta. Conviene recordar que, en Argentina, gran parte de los jóvenes viven en condiciones de pobreza y que, entre los pobres, los niños y adolescentes son mayoría. Son ellos quienes no ingresan a la escuela o se apartan de las aulas, ya sea porque no encuentran en ellas respuestas para mejorar su condición social o porque deben abocarse a garantizar la subsistencia propia y la de sus familias.

En nuestro país, al igual que en otros de la región, entre las décadas de 1970 y 1990 se desarrolló un modelo socioeconómico que instaló una larga curva descendente en las condiciones de vida y en las expectativas vitales de los sectores mayoritarios. El futuro se volvió, así, problemático. La actualidad también.

Johan sabe que la cosa está complicada. No hace falta leer estadísticas ni escuchar discursos para saber cómo está la calle: se nota en el laburo todos los días. Entonces le pregunto cómo lo está viendo él. "Me parece que está medio hielo, está medio frío... locales que están medios vacíos y que no hay ingreso, no entra gente a los locales, así que todo un tema, está medio flojo", dijo el Polaco del sur. Y agregó: "De mi punto de vista sí... la gente me lo cuenta y me dice que está mal. Tengo que bajar el precio de las changas porque no hay ingreso. No puedo pedir el doble porque no hay ingreso y está malo. Me dicen: 'Polaco, no hay ingreso, no entra gente'."

La crisis vuelve cada vez más ásperas las condiciones de vida de las clases populares. Predominan los empleos inestables, las jornadas externas y a necesidad de encadenar changas para llegar a fin de mes. El aumento e los excluidos es alarmante. La deshumanización que atraviesa esta realidad es atroz: basta recordar que, en el Gran Mendoza, murieron dos personas en situación de calle por hipotermia.

"Yo que laburo en la calle, mirá, del lado del tema del laburo y los locales veo que ya hay gente que pone el cartel de 'se alquila'. Y después del lado de los jubilados, que ya están cansados de cobrar lo que están cobrando, que pun, que pan... todos dicen que con Milei vamos a estar bien, pero no. Así que no sé, vamos a ver qué onda, qué pasa ahora, porque si no va a ser una bomba. Si sigue este, no sé qué va a pasar... nos vamos a cagar de hambre si sigue este. Te lo dice un jubilado que pasó por acá, que le cuido el auto, y le dije '¿cómo anda?', y me dijo que estaba para atrás", comentó el Polaco del sur, desde su experiencia cotidiana en la calle.

Todo esto me hace recordar a las luchas que tenían las clases populares a fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Es más, a veces pienso que no hay mejor manera de nombrarnos que como lo hizo la editorial del primer número del periódico anarquista El Perseguido, en 1890: "Nosotros somos los vagabundos, los malhechores, la canalla, la escoria de la sociedad, el sublimado corrosivo de la organización actual". ¿Acaso no somos nosotros hoy esa "canalla", esa "escoria de la sociedad"? Se nos trata como tal. El ajuste y la represión estructuran el presente, mientras la libertad que se enuncia desde el poder resulta ajena a la vida real de las mayorías.

"Ando por todo el centro y veo cómo la gente no entra. Gente que quiere comprar una torta, o ir a una heladería, o perfumería, o cosas de ropa, cosas de hombre o para mujer, o panadería... y está todo para atrás. Yo estoy acá en el centro y lo veo todos los días. Hablo con una gente y me dice: 'Polaco, no pasa nada, toda la tarde no entra nadie, no entra nadie, no les gustan los precios'."

A pesar de la crisis y de los días complicados, Johan no se queda paralizado. Para él, lo que importa es seguir adelante, levantarse cada día y buscar trabajo donde aparezca. Esa misma actitud se refleja en su mirada sobre la vida: "Yo siempre sigo, viste. Hay días buenos y días malos, pero siempre sigo. Mientras tenga fuerzas y alguien me diga: 'Polaco, vení que hay laburo', yo voy. Porque uno tiene que seguir, no queda otra. Y si puedo hacer reír a alguien, mejor, pero no soy payaso, soy laburante."

Hacer cultura desde abajo también cuesta.


La Maza es una revista comunitaria que se sostiene con ganas y convicción…

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Ramiro BarrosoProfesor por elección, activista social por convicción y lector por pasión.

Abril Paquez
Abril Paquez

El arte ha sido mi principal herramienta de expresión desde que tengo memoria. La pintura, el dibujo, y ahora la fotografía, están conmigo incluso cuando no los estoy poniendo en práctica.


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