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MUNDIAL 2026. EL ARTE Y LA OSCURIDAD

  • hace 13 horas
  • 3 min de lectura

Un repaso sobre las dos dimensiones del Mundial de la FIFA 2026: la belleza que surge dentro del campo y las tensiones políticas, sociales y éticas por fuera de él.

Escribe: Facundo Carabajal


La Copa del Mundo nos ha entregado luces y tinieblas en su primera etapa. Los futbolistas aportan algo de luz; la mayoría de ellos lo hacen exclusivamente desde el terreno de juego. Y, por supuesto, la tenebrosidad viene desde uno de los países anfitriones, puntualmente de Estados Unidos, dirigido por Donald Trump. Fiel a su estilo dictatorial y, a través de su policía, ha perjudicado a países de Medio Oriente que simplemente concurrieron al Mundial para jugar a la pelota.

A Irán, por ejemplo, no le permite alojarse en territorio estadounidense. El gobierno lo deja disputar partidos en el país, pero le exige que, al finalizar cada juego, abandone el territorio y vuele a México, quien sí lo recibe sin problema alguno. Lo que sucedió con el capitán de Irak antes del debut también fue una vergüenza. Aymen Hussein, quien fue fundamental para que su selección clasificara a la Copa, anotando un gol contra Bolivia en el partido de repechaje, fue detenido por la seguridad de Estados Unidos durante siete horas en un aeropuerto de Chicago.

Frente a los casos mencionados y algunos más, como la expulsión del árbitro Abdulkadir, oriundo de Somalia, que fue acusado de terrorista, la FIFA no tomó ninguna medida e, indirectamente, jugó para el dictador Trump. Tampoco fue una novedad. A principios de diciembre, Gianni Infantino, mandamás del organismo que regula el fútbol en el planeta, se inventó un premio de la paz y se lo otorgó al genocida. De esta manera, Infantino demostró ser un títere y quedó en ridículo semanas después, cuando Trump invadió Venezuela y bombardeó un colegio de Irán, acabando con la vida de 168 niñas de este último país.

En medio de tanta noche, la luz la ponen los jugadores. Como dije al inicio, muchos sacan lo mejor del Mundial dentro del campo de juego; entre ellos, Messi. Con la pelota es el mejor de todos: por su capacidad para leer el juego, para dar el mejor pase, por su inteligencia a la hora de administrar el físico en el final de su carrera y por terminar diferentes jugadas con la precisión y la pegada de siempre. Fuera de la cancha es mejor no verlo, ya que, en la antesala de esta cita planetaria y, al igual que Infantino, supo contentar al nefasto líder del gobierno republicano.

También podemos encontrar figuras que suelen lucirse en el interior y el exterior del campo. Mbappé es uno de los casos. Indomable como atacante de Francia, a base de velocidad y fantásticos gestos técnicos para eludir defensores; y, al mismo tiempo, muy valiente para tomar el micrófono en la previa de un partido y llamar a no votar a la ultraderecha, acto que realizó en las últimas elecciones de su país con el objetivo de frenar a los racistas. Otro deportista para tener en cuenta en este torneo es Lamine Yamal, figura de la selección española y uno de los pocos que se manifestó a favor de Palestina, levantando una bandera de aquella nación mientras festejaba con el FC Barcelona el campeonato de Primera División.

La claridad y lo más agradable del Mundial provienen desde el verde césped. Lo más probable es que solo allí encontremos verdades y lindas emociones. El entusiasmo estará en los goles de Haaland, en el buen dominio de pelota que ofrecen los cuatro mediocampistas argentinos, en la imaginación de Pedri o de Vitinha y en las gambetas que ofrezcan Yamal, Vinicius y alguno de los cuatro delanteros de Francia. Allí está la única fiesta mundialista. Solo dependemos de lo que suceda con la redonda en la cancha. Porque, como dijo Diego Maradona, "la pelota no se mancha".


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