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RESEÑA DE "ME ALEGRARÍA DE OTRA MUERTE"

Me alegraría de otra muerte (No Longer at Ease, 1960) de Chinua Achebe, es una novela que aborda el conflicto identitario de Obi Okonkwo, un joven igbo educado en Inglaterra que regresa a su país enfrentándose a las tensiones entre tradición y modernidad, comunidad y expectativas personales, cultura africana y herencia colonial. A través del análisis de la obra, se examinan temas como la persistencia del colonialismo en las mentalidades,  en las estructuras sociales y el racismo implícito en las relaciones de poder. La reseña destaca cómo Achebe logra alcanzar una profunda reflexión sobre la identidad poscolonial, llamando la atención sobre las huellas del colonialismo en el presente, en contraposición contra obras literarias que encierran a los sujetos africanos en una representación fuertemente marcada por los signos coloniales.  


Escribe: Josefina Casablancas


Antes de adentrarnos en la novela es interesante hacer un breve repaso por la vida de su autor, Chinua Achebe. Nació el 16 de noviembre de 1930 en Ogidi, Nigeria. Estudió inglés y literatura en el University College de Ibadán para luego mudarse a Lagos, donde se desempeñó como director de transmisiones externas del Nigerian Broadcasting Corporation. Ocupó este cargo desde 1961 a 1966, año en el que se llevó a cabo la guerra por la independencia de Biafra, la cual Achebe apoyaba fuertemente (llegó a representar a la región en misiones diplomáticas). Un cargo en la universidad de Nigeria le permitió dar clases por el mundo. Dirigió dos editoriales nigerianas (Heinemann Educational Books Ltd. y Nwankwo-Ifejika Ltd.). En 1990 sufrió un accidente automovilístico en Nigeria y se mudó a Estados Unidos, donde se desempeñó como docente en Bard College hasta 2009 que abandonó Bard para unirse a la universidad de Brown. Chinua Achebe murió el 21 de marzo de 2013 en Boston, Massachussets, Estados Unidos. Su trabajo fue ampliamente reconocido y es hoy en día reconocido como uno de los autores africanos más leídos en todo el mundo. Todo se desmorona, el libro con el que inauguró su carrera como escritor, es el libro más leído en la literatura africana moderna.


En este trabajo nos centraremos en su libro Me alegraría de otra muerte, título que hace referencia a la última línea del poema El viaje de los Magos de T.S Elliot o su título original No Longer At Ease (cuya traducción textual sería “ya no estoy a gusto”), podemos comenzar comentando que es una novela que consta de 189 páginas y está dividida en 19 capítulos. Fue publicada en 1960, el mismo año que se proclamó la independencia de Nigeria, por la editorial Heinemann, en Nigeria. Me alegraría de otra muerte es una continuación y profundización del trabajo que Achebe presentó en Todo se desmorona. Ambas novelas tienen como protagonistas a personas pertenecientes al pueblo igbo de Umuofia, ubicado al este de Nigeria. Sin embargo, mientras su primer trabajo retrata los comienzos del período colonial y la invasión del blanco y de su “cultura” en las tierras que hoy conocemos como Nigeria, Me alegraría de otra muerte nos ubica en otro período, a mediados de los años 50. En este nuevo contexto la fuerte penetración de la cultura europea ya logró mermar poco a poco el mundo tradicional africano. En esta segunda novela Achebe nos narra la historia de Obi Okonkwo, nieto del protagonista de su novela anterior. A diferencia de su abuelo, que defendía fervientemente los valores tradicionales de su cultura, Obi se encuentra completamente atravesado por la cultura y valores europeos, ubicándolo en un incómodo lugar en el que no se siente completamente europeo ni africano.


Achebe decide comenzar su novela contándonos el final, esto significa que desde un principio el lector es consciente de que Obi traicionará los altos ideales que sostiene a lo largo de todo el libro (su fuerte aversión a la corrupción, la cual considera es consecuencia de la mentalidad bárbara de los viejos africanos que ocupaban los cargos), solo queda averiguar cómo y por qué lo hace. Como mencionamos unas líneas más arriba el protagonista de esta historia está muy impregnado con la cultura occidental. Esto se debe a que, gracias al gran esfuerzo de toda su comunidad, en lo que llamaban unión Progresista de Umuofia, lograron juntar el dinero necesario para poder enviar a Obi a estudiar en el extranjero, en Inglaterra. Para la comunidad de Obi lograr que uno de sus hijos tuviera la posibilidad de instruirse en el extranjero era muy importante (en ese momento era la única forma de conseguir cargos en el Estado, un cargo de este estilo podría permitirle a Obi posicionar políticamente a su comunidad). En un momento comentan: “La importancia de tener a uno de nuestros hijos en la vanguardia de esta marcha hacia el progreso es nada menos que axiomática” (p53).Esto era tan importante que cuando Obi retorna a su país, luego de haber concluido sus estudios, la Unión Progresista de Umuofia le prepara un recibimiento de lo más extravagante, con varias bandas en vivo, casi como si se tratase de una celebridad. Él termina efectivamente consiguiendo un cargo en el comité de becas que se otorgan para que otros chicos como Obi pudieran instruirse en el extranjero. Cerca de la mitad del libro se menciona “Ocupar un “cargo europeo” era lo segundo mejor después de ser europeo” (p 114). Esta aclaración de lo “segundo” es importante, ya que si bien para el resto de su comunidad Obi era el hijo prodigio que había logrado hacerse camino entre los blancos, para sus colegas y jefes en el trabajo seguía siendo un nigeriano más, solo que con un poco más de suerte. Este tipo de cargos no siempre estuvieron abiertos a los pobladores locales durante el gobierno colonial. El texto de Gentili, El león y el cazador, y el de Betts, La profunda transformación del imperio, pueden sernos útiles para comprender la naturaleza de estos cambios. Gentili comenta que en el proceso de descolonización se generaron varias reformas constitucionales y administrativas y reformulaciones de las economías coloniales. Esto se debió a un cambio en la situación internacional, en la que ya no era favorable sostener las colonias. Luego de los años 30, según explica la autora, las potencias coloniales reforzaron sus vínculos con sus imperios coloniales, en el contexto de posguerra en el que Europa necesitaba reconstruirse. Gentili explica que “En lo ideológico los ingleses teorizaban desde los años cuarenta acerca de la evolución de los vínculos coloniales a una forma de mutua colaboración” (Gentili 2002 p 377). Betts se centra en el periodo posterior a la segunda guerra y sostiene que luego de esta los poderes coloniales se encontraban muy debilitados. Explica: “Al concluir la guerra en forma tan desastrosa para los poderes coloniales, cualquier idea de continuar con la política y las prácticas de la misma forma que antes fue descartada (..) Todos comprendía que algún cambio era inevitable si se quería mantener alguna apariencia del viejo orden” (Betts,p7) Por su parte Gentili menciona que, hasta mediados de los años cincuenta (época en la que está situada la novela) las distintas potencias coloniales intentaron mantener a sus colonias a través de “proyectos de desarrollo, inversiones en infraestructura, medidas de bienes y reformas políticas y administrativas” (Gentili, 2002, p 380). Este puede ser el caso del puesto de becas en el que trabaja Obi. Sin embargo en ese momento todavía seguían siendo los gobiernos coloniales los que tomaban las decisiones. Permitir el acceso de determinados funcionarios locales a la administración estatal, funcionarios que previamente habían sido instruidos en Europa, era simplemente una nueva estrategia para perpetuar el orden colonial en el territorio.


El principal problema de Obi es que, luego de haber pasado tanto tiempo en el exterior, se siente como un “Otro” en su propio pueblo. La confrontación entre la cultura occidental y la africana están muy presentes en su vida. Obi fue criado por una familia de conversos al cristianismo, lo que causó que de muy joven estuviera “desconectado” de la mayoría de las tradiciones de su pueblo (en un pasaje mencionan que no conocía ningún cuento tradicional cuando iba a la escuela). El punto máximo de esta confrontación se da en el momento en el que se enamora y decide casarse con Clara, la cual es una “osu” (perteneciente a un clan maldito). Nuestro protagonista insiste a lo largo de la novela con casarse con ella de todas formas, lo que lo llevará a enfrentarse a casi todos los miembros de su comunidad, incluidos sus padres. La primera persona a la que Obi le cuenta la situación de Clara le responde: “Tú sabes de libros, pero esto no es cosa de libros. ¿Sabes lo que es un osu? Pero ¿cómo vas a saberlo?” (p92). De este modo le remarcaba su condición de extranjero en su propio país. Varios personajes, incluyendo a Obi, hablan de la cultura europea como “civilizada” y la suya propia como “antigua”, “anticuada”. En la misma conversación que citamos más arriba el amigo de Obi le dice: “En el futuro, cuando todos seamos civilizados, cualquiera podrá casarse con cualquiera” (p96). A través de estas declaraciones Achebe nos muestra hasta qué punto el colonialismo trasciende lo económico y lo político y penetra en la propia mentalidad de los africanos y, al mismo tiempo, como pese a todos los esfuerzos europeos de erradicar la cultura preexistente en África, esta sigue resistiendo y conformando parte importante de la vida de sus habitantes.


A lo largo de la novela hay varias alusiones a la contraposición entre lo blanco y lo negro, la luz y las tinieblas, que remiten, y en cierto sentido responden y confrontan, a la famosa novela El Corazón de las tinieblas de Conrad. La aversión de Achebe a la obra de Conrad no debe sorprendernos. En 1975 dedicó todo un ensayo, Una imagen de África: racismo en El corazón de las tinieblas de Conrad, a explicar en detalle qué es lo que más detestaba de la obra, que, pese a su fuerte tono racista, es considerada una de las obras más importantes de la literatura inglesa. Para Achebe el Corazón de las tinieblas muestra muy bien como el imaginario occidental ve a África. Sobre esto sostiene “El corazón de las tinieblas proyecta la imagen de África como «el otro mundo» la antítesis de Europa y, por lo tanto, de la civilización, un lugar donde la inteligencia y el refinamiento humanos, tan pregonados, son finalmente burlados por una bestialidad triunfante.” (Achebe, 1975). Para el autor el libro de Conrad, no solo es una viva representación de cómo Europa ve a África, sino también sobre qué la asusta de esta. En palabras del propio Conrad “los hombres eran… No, no eran inhumanos. Bueno, ya sabes, eso fue lo peor de todo, esta sospecha de que no fueran inhumanos. Esa sospecha surgía lentamente. Aullaban y saltaban y giraban y hacían muecas horribles pero lo estremecedor era la idea de su humanidad, como la de uno, la idea de su parentesco remoto con este alboroto salvaje y apasionado. Horrible.” (Conrad, El corazón de las tinieblas). En su ensayo Achebe sostiene que, en el fondo de los pensamientos de Conrad, y de la sociedad occidental, se encuentra este miedo al “parentesco” con los negros, a los que ven como seres inferiores, humanos, pero “prehistóricos”. Achebe combate este intento de deshumanización de Conrad, no solamente con las referencias específicas a su libro, sino también con la totalidad de las historias y personajes que nos presenta. En sus novelas el escritor nigeriano les devuelve la humanidad que la literatura occidental les había arrebatado. En el caso del protagonista de esta historia, Obi, es un personaje con el que es fácil empatizar, que se equivoca, sufre, es egoísta, se enamora y se preocupa como todos nosotros (muy lejano a la representación del salvaje caníbal que Conrad nos presentaba y que la sociedad occidental aplaudió y aceptó sin reproches por años).


Me alegraría de otra muerte, es, a fin de cuentas, una tragedia. Podríamos justificar esta declaración con la definición que hace Aristóteles de la tragedia y hablar de Obi como el protagonista noble, de altos ideales, que termina corrompido y arruinado. Sin embargo, prefiero utilizar al mismo Obi, y por consecuencia a Achebe, para destacar el carácter trágico de esta obra. En la primera parte del libro, cuando Obi asiste a una entrevista en la comisión de funcionarios para obtener empleo, mantiene una conversación sobre literatura y poesía con el presidente de la comisión. En dicha conversación discuten sobre el sentido de la tragedia en el libro Al revés de la trama de Graham Greene. Sobre esta Obi sostiene:

“La tragedia genuina nunca se resuelve. Se perpetúa eternamente sin esperanza. La tragedia convencional es demasiado facilona. el héroe muere y los lectores experimentamos una catarsis. Una tragedia real ocurre en una esquina, en un solar abandonado, para citar a W.H Auden. Al resto del mundo no le importa. Como aquel personaje de Un puñado de polvo que lee a Dickens para el señor Todd. Para él no hay liberación posible. Cuando termina el libro, él todavía sigue leyendo. No hay catarsis porque no estamos allí en su piel.” (p 62)


La sensación que describe Obi es la misma que nos deja a los lectores el final de Me alegraría de otra muerte. El libro termina como comenzó y el final del juicio en el que acusan a Obi por corrupción solo podemos imaginarlo. Achebe nos priva de esa catarsis y nos deja, como lectores, angustiados con un resultado que desde el comienzo de la novela se mostró como inevitable pero que una vez alcanzado no termina de concluir. Esta historia es trágica también porque nos plantea una situación coyuntural de la que no vemos salidas claras, la falta de catarsis de la que habla Obi no la experimentamos únicamente con su historia personal, sino con la de todos los personajes que forman parte de la novela. Me alegraría de otra muerte está llena de pequeñas tragedias que transcurren en esquinas donde nadie las ve. El racismo y la difícil coexistencia entre la imposición de la cultura europea y la débil supervivencia de la africana que Achebe nos muestra a lo largo de este libro es la historia trágica que carece de punto final y que moviliza los sentimientos de los lectores.


Considero que Me alegraría de otra muerte es un libro súper recomendable. Achebe logra cautivar a sus lectores desde la primera página y hacer que, a través de una lectura ligera y rápida, se reflexione y se tome conciencia sobre las consecuencias del colonialismo, la persistencia del racismo y las dificultades que todavía tienen que enfrentar las comunidades tradicionales africanas para sobrevivir a la imposición de la cultura europea.


Bibliografía:

  • Me alegraría de otra muerte - Chinua Achebe (1960)

  • Una imagen de África: racismo en El corazón de las tinieblas de Conrad – Chinua Achebe (1975)

  • GENTILI, Anna Maria (2012) El león y el cazador. Buenos Aires: CLACSO, pp. 376-386.

  • ETTS, Raymond F. (2002) Decolonization, Londres-Nueva York, Routledge

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Josefina Casablancas
Josefina Casablancas

Tengo 24 años y soy alumna avanzada de la Licenciatura en Historia en la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM)


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